Los superpoderes invisibles: las habilidades sociales

Seguro que has visto alguna película de superhéroes y superheroínas, o por lo menos, conoces alguno y has fantaseado con tener sus superpoderes. Cuando bajamos a la realidad resulta que esto de nacer con ellos es un poco más complicado de lo que parece. Incluso las personas con capacidades extraordinarias como los/as deportistas (Leo Messi, Rafa Nadal o Carolina Marín), los científicos/as (Hedy Lamarr o Albert Einstein) y otras profesiones deben trabajar esas cualidades para poder llegar a ser los/as mejores.

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Aunque aparentemente el resto de los mortales no tenemos superpoderes, esto no es del todo cierto. Existe uno, invisible para algunos, que nos ayuda a fortalecer nuestra personalidad y nos enseña estrategias para poder comunicarnos y relacionarnos con el mundo: la empatía.

Alguna vez te habrán contado la importancia de aprender Matemáticas, Historia o incluso elegir una profesión para el futuro. Estas cosas son muy importantes, no cabe duda. Pero para llegar a ser una persona completa en todos los aspectos, es fundamental desarrollar tus habilidades sociales. Estas son los auténticos superpoderes de la vida: forman tu personalidad y definen cómo te relacionas con los demás, incluso cómo te ven y te valoran.

Las habilidades sociales pueden ser: empatía, inteligencia emocional, asertividad, capacidad de escucha, capacidad de comunicar sentimientos y emociones, etc. Cada una de estas habilidades se pueden llamar superpoderes y, como todas las capacidades, se pueden trabajar para mejorarlas.

En este artículo vamos a poner la atención en el superpoder de la empatía. Podríamos definirla como la capacidad de ponerse en el lugar del otro/a.

¿Has visto alguna vez un anuncio en el que abandonan un perro en un monte, los dueños se van con el coche y se queda el perro con cara de pena, solo y mojándose por la lluvia? ¿Qué sentirías si tú fueras el perro y te abandonara tu familia?, ¿qué pensarías?

Pero no todo el mundo tiene perro. Pongamos un ejemplo que nos pueda ayudar un poco más. Imagínate que eres el centro de atención en tu clase, pero no por nada bueno. Están esperando a que abras la boca para meterse contigo y ningunearte, te empujan al salir por la puerta en la hora del almuerzo para tirarte el bocadillo y luego nadie se junta contigo y vas dando vueltas solo/a intentando disimular, o incluso aceptando que nadie se quiere acercar a ti, porque no pareces importarle a nadie. ¿Qué pensarías si te pasar esto?, ¿qué te gustaría que sucediera? Un simple saludo, o un simple qué tal puede levantar la autoestima.

Si nos ponemos en el lugar de las personas que se sienten un poco marginadas en clase, quizás no haríamos la típica broma que hacemos sin importancia a cambio de unas pequeñas risas, y a consta del malestar de una persona con la autoestima un poco baja.

Aunque estos ejemplos son un poco extremos, también utilizamos el poder de la empatía en otras cosas. Por ejemplo, cuando en una conversación te paras un momento antes de responder y piensas en lo que vas a contestar y te das cuenta de que a ti no te gustaría que te dijeran así las cosas.

También la ponemos en práctica si vemos a un/a compañero/a un poco de bajón y pensamos en qué nos gustaría que nos dijeran si estuviéramos en la misma situación. Con este planteamiento, nos acercamos más a sus sentimientos y podríamos ayudar mejor.

Esta habilidad que estamos comentando hoy está en continuo entrenamiento y, aunque al principio igual tenemos que pararnos un poco para ponernos en la situación de la otra persona, poco a poco se va haciendo automático y vamos mejorando la velocidad y en la manera de respuesta. Como si te preguntan 4×5, no sumas 4 veces 5, sino que tu cabeza lo asume enseguida.

Lo más importante de este superpoder es que ayuda en la forma de relacionarnos porque es capaz de hacer sentir mejor a las dos personas. Además, ayuda a poder ver el mundo de manera más sana.  

Y tú, ¿miras o actúas?

Los observadores juegan un papel muy importante en los casos de acoso escolar: son el público que la persona acosadora necesita para obtener el protagonismo que busca. Por tanto, a veces, esa situación de acoso se mantiene por alimentar a ese público. ¡Sin público no hay espectáculo!

La capacidad de reaccionar ante situaciones de acoso dependerá de muchos factores, como la relación que tengamos con la persona que está siendo acosada o con la que está acosando, nuestras capacidades físicas o nuestro miedo a convertirnos en víctimas.

Podemos diferenciar los siguientes tipos de observadores:

¿Has oído hablar de la Ley del Silencio?

Es la situación que se produce cuando ni la víctima ni las personas que observan se atreven a denunciar el acoso por miedo a las represalias. Esta actitud facilita que la persona agresora continúe acosando a la víctima con total impunidad.

Debemos aprender que la persona que denuncia un caso de acoso escolar no es una chivata, no está traicionando a nadie, no está haciendo nada malo. Todo lo contrario: está poniendo fin a una situación injusta y ayudando a un compañero/a de clase.

Campaña #NoBullying 2017: Acabar con el acoso escolar comienza en ti. Fundación Mutua Madrileña y ANAR.

Muchas veces queremos ayudar pero no sabemos cómo, aquí tienes unas pistas:

Detener el acoso escolar es responsabilidad de todos y todas. Las personas somos agentes de cambio no meros espectadores de lo que pasa a nuestro alrededor, tenemos la capacidad de cambiar las cosas. Entre todas podemos hacer que la convivencia sea mucho mejor. No te calles. Di no al bullying.

Campaña 2020 Fundación Mutua Madrileña y Anar: Tu silencio te lleva al lado oscuro. Unidos somos más fuertes:

Proyecto Innovación CEIP La Almazara: Y tú ¿de qué lado estás?:

Links de interés para seguir buscando información sobre el bullying y cómo combatirlo:

Consecuencias del acoso escolar

El acoso escolar produce efectos negativos en todas las personas implicadas: la víctima, el agresor y los testigos.

Estos tres protagonistas (lo que se denomina el triángulo del bullying) padecen las consecuencias de este comportamiento. El acoso implica un desequilibrio social y, por tanto, va a marcar, en el tiempo, la personalidad de los/as implicados/as. De esta manera, les influye a nivel emocional y en el resto de relaciones sociales que van a establecer.

Así, por ejemplo:

Consecuencias para la víctima:

  • Baja autoestima.
  • Actitudes pasivas.
  • Trastornos emocionales.
  • Depresión, ansiedad. 
  • Bajo rendimiento y fracaso escolar.
  • Aparición de miedos.
  • Sentirse culpable.
  • Cambios en el comportamiento: introversión, aislamiento social y soledad.
  • Problemas en las relaciones sociales y familiares.

En algunos casos, el acoso escolar ha conducido a las víctimas al suicidio.

Además, compartimos con vosotros/as algunos testimonios de víctimas:

  • Yaiza: era acosada por ser nueva en el instituto.
  • Joel: sufría este tipo de violencia por su aspecto físico y su manera de expresarse.
  • La historia de Iñaki Zubizarreta quien sufrió acoso por su aspecto físico.

Consecuencias para el agresor:

Aunque no padecen un sufrimiento directo, como ocurre con las víctimas, los agresores presentan:

  • Un bajo rendimiento escolar.
  • Conductas antisociales y delictivas. La ira e impulsividad del agresor pueden conllevar a su participación en peleas o actos vandálicos.
  • Consumo de alcohol y otras drogas en la adolescencia y edad adulta.
  • Falta de empatía. El agresor no comprende el sufrimiento que ocasiona y puede impedirle desarrollar relaciones sociales sanas en el futuro.
  • Repetición del modelo violento en sus relaciones. Existe una correlación entre el acoso escolar y otras formas de violencia en la edad adulta, como el acoso laboral, el maltrato a la pareja, etc. El agresor tiende a justificar las agresiones.

Consecuencias para los testigos:

Las consecuencias para los/las observadores, que mantienen una actitud pasiva, no son tan visibles.

Sin embargo, puede provocar el convencimiento de que no se puede hacer nada o que es mejor no intervenir frente a la injusticia. Por lo que se da la espalda al que sufre. Esta actitud del/la espectador/a afianza la personalidad violenta y debilita determinados valores fundamentales en la comunidad, como el respeto, la tolerancia, la empatía, etc.

Como nos muestra el vídeo, todos/as somos interpelados por el acoso escolar. Por eso, es necesario aprender valores como la comprensión y el respeto. Y, aplicarlos para crear una sociedad tolerante.